Católico a Secas

Artículo escrito por Víctor Ruiz, Estudiante de Licenciatura en Filosofía. UAI
Integrante Comunidad Maranathá, CVX Valparaíso.

Con ocasión de la primera visita del Papa Benedicto XVI a América del Sur y la reunión de cardenales y obispos en Aparecida, caben muchas reflexiones sobre el papel que juega hoy en día la Iglesia Católica, especialmente en este hemisferio. El Sumo Pontífice lo ha llamado “el continente de la esperanza” porque concentra cerca de la mitad de los católicos del mundo, y entre ellos muchos jóvenes. Es muy difícil abarcar en una reflexión todo el trabajo que hacen los miembros de la Iglesia repartidos en toda América Latina; conocer el minucioso trabajo de párrocos y misioneros que, con recursos limitados, llevan la Palabra y mantienen vivo el espíritu universal de una Iglesia cada vez más atomizada. Ese es el diagnóstico. Y no en tanto jerarquía eclesial, sino respecto de las otras extremidades -igual de importantes- de este Cuerpo, es decir, los fieles. El fenómeno: la aparición de distintas “espiritualidades” o carismas podría ser síntoma de esta suerte de privatización religiosa. Evidente es que la vida espiritual de todo católico implica un grado de intimidad en su deseo infinito de conocer a Dios. Pero tal conocimiento se desborda en la persona y se proyecta en la sociedad, pues en y por ella alcanzamos aquello a lo que tendemos. Por qué entonces sectores de la Iglesia se empeñan por mantener la actual fragmentación espiritual, donde el prójimo es más bien mi camarada o hermano de comunidad, y no el parroquiano de más allá. A ello se suma las distintas miradas que se tienen de la realidad, e incluso diferentes posiciones morales ante vitales dilemas.

El relativismo moral que Benedicto VXI ha denunciado también está entre los católicos, y no necesariamente porque la sociedad moderna así lo ha establecido (en la práctica, la “sociedad” es un mero concepto, privado de todo principio de operación; no así los hombres). Desde hace un tiempo, algo falla en la pastoral católica y la actual diversidad de posiciones en la misma Iglesia nada ayuda en mantener viva la Misión. Quien habla no propone eliminar los distintos carismas; ellos, de manera positiva, responden a la diversidad de ethos humanos, y los conducen -o deberían- a un fundamento universal. Pero, sin duda, la Iglesia -todos nosotros- debería gastar esfuerzos en formar conciencias a partir del modelo que es Cristo. No digo adoctrinar por su connotación negativa. Pero si Ud. saca de su mente todo vestigio ideológico, perfectamente podría empeñar tal vocablo. Necesitamos con urgencia -sí, es alarmante- volver a nuestras raíces como cristianos, conocer con claridad la universal doctrina que pretende orientarnos. Y luego dedicarnos a desarrollar un método preciso o un grupo con particulares intereses. Antes de diferenciarnos, necesitamos identificarnos como cristianos sin fronteras, es decir, católicos.

Si hoy gasto mi tiempo participando en uno de estos movimientos carismáticos, es porque veo en él un camino a Dios más idóneo con lo que soy hoy, (estudiante, trabajador, madre o padre) con la etapa que vivo y las decisiones que tomo. Queda fuera de toda consideración el que yo elija tal agrupación por las comodidades y beneficios que me trae pertenecer a sus filas. Es más, el parámetro de búsqueda recomendado debiese estar en cuán incómodo me siento recibiendo, según el estilo de tal carisma, la palabra del Señor. El Mensaje es el mismo, pero las intensidades y reflexiones que nacen de él son distintas, y me quedaré con aquella que más preguntas y remezones produce en mi vida. Así, la tarea de formar conciencias no es fácil; implica, sin duda, generar anticuerpos en quienes escuchan a medias, o bien, que se obsesionan por la complacencia. Pero tal “complicado” trabajo es perentorio; sino, no será en nosotros, no se hará carne la Palabra, y nos quedaremos en las apariencias, cáscaras que ceden ante cualquier turbulencia.

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Acerca de cvxvalparaiso

La Comunidad de Vida Cristiana (CVX) es una asociación de laicos, católicos, hombres, mujeres, adultos y jóvenes, que desean vivir plenamente sus vidas (a nivel personal, familiar, profesional, y social) inmersos en la realidad del mundo de hoy. Y que quieren seguir más de cerca a Jesucristo y dar testimonio de su Buena Noticia, comprometidos con toda la humanidad, trabajando con fuerza en la construcción de un mundo más justo y más humano. “Nuestra Comunidad está formada por cristianos hombres y mujeres, adultos y jóvenes, de todas las condiciones sociales que desean seguir más de cerca a Jesucristo y trabajar con El en la construcción del Reino, y que han reconocido en la Comunidad de Vida Cristiana su particular vocación en la Iglesia. Nuestro propósito es llegar a ser cristianos comprometidos, dando testimonio en la Iglesia y en la sociedad de los valores humanos y evangélicos esenciales para la dignidad de la persona, el bienestar de la familia y la integridad de la creación. Con particular urgencia sentimos la necesidad de trabajar por la justicia con una opción preferencial por los pobres y un estilo de vida sencillo que exprese nuestra libertad y nuestra solidaridad con ellos. Para preparar más eficazmente a nuestros miem­bros para el testimonio y el servicio apostólico, especial­mente en los ambientes cotidianos, reunimos en comunidad a personas que sienten una necesidad más apremiante de unir su vida humana en todas sus dimensiones con la plenitud de su fe cristiana según nuestro carisma. Como respuesta a la llamada que Cristo nos hace, tratamos de realizar esta unidad de vida desde dentro del mundo en que vivimos”. (Nuestro Carisma Nº 4, Principios Generales de la Comunidad de Vida Cristiana) La CVX, Comunidad de Vida Cristiana, está presente en 60 países de todo el mundo. Y en Chile tenemos 273 comunidades repartidas en Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Linares, Chillán, Concepción, Osorno, Puerto Montt y Punta Arenas, donde participan activamente 2472 personas entre estudiantes secundarios, jóvenes y adultos, que conforman las tres ramas de la CVX. La fuente de la CVX es la espiritualidad ignaciana, una espiritualidad que se funda en la experiencia de San Ignacio de Loyola, y que es transmitida particularmente a través de los Ejercicios Espirituales.
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