Y la Iglesia se Hizo escuchar: “Salario Ético”.

Artículo escrito por: Francisco Bergeret, Ingeniero Civil Industrial, UAI.
Integrante de la Comunidad Puerto Esperanza. Director Coro CVX y Storta Valparaíso.

 

Me gusta esta Iglesia; una Iglesia que propone, que mete ruido, y que no solo se dedica a responder. Siempre se ve a nuestra Iglesia contestando ante resultados de encuestas, ante políticas públicas de salud, antes leyes laborales, pero ahora fue distinto.

De un día para otro, apareció un termino nuevo en el aire: “salario ético”, y nadie quedó indiferente. Y ahora fue la sociedad la que tuvo que responder. ¿Qué dijeron? “¡Tiene razón!, el salario mínimo no alcanza para vivir”, “No tiene idea de economía”, “Quieren reventar a las Pymes”, “Debe ser un salario ético familiar”, “¿Y cómo andamos por casa? La Iglesia paga salarios mínimos!”… y mucho más.

Ok. Quizás los $250.000 no tienen un respaldo económico o matemático, quizás muchas Pymes no puedan pagar más del salario mínimo, y un sin fin de temas por revisar. Pero hay que ir más allá: ¿qué nos propone nuestra Iglesia?.

En primer lugar veamos el nombre: “salaría ético”. El calificativo mínimo tiene una connotación normativa, fija un piso legal y si estás bajo eso, estás en falta. Sin embargo se le llama ético porque apela a la voluntad, a una decisión libre. Un acto no es no-ético o ético por si solo, sino que se define por su fin último, por el porqué se hace. Y es con este calificativo que la Iglesia marca la diferencia. No nos dice “suban los sueldos porque no alcanzan para vivir”, sino que hace una invitación fuerte y clara a revisar las remuneraciones y tomar conciencia de qué es un salario.

Un salario es más que un simple pago por servicios prestados: “tu produces tanto, te pago lo equivalente”. Un salario es lo que permite vivir con dignidad, lo que da de comer, lo que permite educar.

La ley fija un piso mínimo porque hay quienes solo buscan explotar a los demás, sacándoles el máximo al menor precio. Ese es el piso, el que marca la diferencia entre lo humano y lo inhumano (esto último por condiciones inhumanas de trabajo, y por lo inhumano de aquel que explota). Ahora, sobre ese piso construimos sociedad.

El desafío es revisar nuestra realidad y humanizar el trabajo. No olvidarnos que ese trabajador al que le sacamos el jugo durante el día, tiene una familia detrás, que generalmente depende solo de él y que tienen derecho a comer, a vestir, a vivir tal como nosotros. Cuando se habla de pobreza, deja de ser una estadística y se transforma en realidad sólo cuando le ponemos rostro. En el trabajo es lo mismo. El trabajador tiene un nombre, una realidad, una dignidad.

Un gran problema de nuestra sociedad es la distribución de la riqueza. Claro, si nos esforzamos por solo pagar el mínimo, queda una utilidad mayor para el sector superior y agrandamos la brecha. ¿Pero es esto ético? Queda a criterio de cada uno. Si soy consciente de que no puedo pagar más porque pongo en riesgo la utilidad y continuidad de la empresa, el salario mínimo se vuelve ético. Pero si puedo dar un poco más, hagámoslo. No es fácil, porque ese diferencial no aparece de la nada, sino que hay que quitárselo a alguien, un alguien que probablemente es la misma persona que está tomando la decisión. Pero si hubo un caballero que hace 2000 años dio su vida por otros, ¿qué nos cuesta soltar unos pesos? Y ojo, el argumento no es “aumentemos el salario para lograr un aumento de producción”, sino que paguemos lo que debemos (éticamente) pagar.

Hagámonos parte de esta invitación. Imitemos a nuestra madre Iglesia siendo propositivos, metiendo bulla, poniendo temas en la mesa. Pero también seamos críticos y éticos con nosotros. Hoy es el salario, mañana puede ser la educación, la salud, el trabajo, la familia. No hagamos las cosas porque “es el mínimo legal”, sino que hagamos lo que nuestro corazón de católico nos dice.

Nota al pie: aprovechando el ambiente “diciochero” una reflexión:

“Con todo, gran parte del país lleva adelante su vida y su familia con mucho esfuerzo, tiene su corazón  puesto en su hogar y sus seres queridos.

Así es como tantos salen a trabajar en su vehículo, así hay muchos que parten en bicicleta, otros caminan largas distancias para tomar locomoción. Mucha gente está obligada a trabajar largas horas con otras horas movilizándose. Gente que se sacrifica por sus hijos, por apoyar a sus padres ancianos, por cuidar de sus enfermos.

Es esta la gente que saca adelante un país y lo hace progresar.

Es a ellos antes que nada a quienes celebramos en el mes de la patria.  “

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