Testimonio Storta Sept-Oct 2007

Por Víctor A. Ruiz G.
Comunidad Maranathá

Storta Sept-Oct

La imagen que encabeza este testimonio no fue programada y menos posada. Intenté captar un momento más entre muchos íntimos y descarnados, esos que te obligan a entrar desnudo a un círculo de miradas perspicaces e interpelaciones que descuartizan, para luego poner las cosas en orden. Pero, y he ahí lo curioso, uno sigue el juego y se sienta en medio de ese ambiente de honestidad.  Ojalá puedan detenerse en la imagen y fijar un puntum, ese centro de atención completamente tuyo, que dices cosas que las palabras no explican. Yo me quedo con las miradas de mis compañeras de Storta. Son tan reveladoras que, si las conocen más de un instante, sabes que posan ahí toda su personalidad y carácter. Luego, abran un poco más el campo de visión y tomen nota de cómo sus cuerpos de acomodan en el sillón. ¿No hay allí una personalidad entera?

Que la Storta se asemeja a un reality es una idea que habría que corregir, porque incluso teniendo cámaras de televisión en el baño, las personas pueden esconder eso que no quieren mostrar. Propongo para la experiencia -desde mi personal vivencia en ella- el apelativo de “casa de vidrio”. Y no es que los vecinos – siempre enfiestados- pueden saber qué pasa en esas cuatro paredes. Es uno, el stortiano, el que debe convertirse en una caja de cristal, donde lo que resuena adentro se muestra al compañero, compañero en ese mostrarse descarnadamente. Y en este mundo, acostumbrado a esconderlo todo, desde las espinillas, pasando por las canas, hasta nuestras caídas más duras, puede resultar contraproducente ponerse a prueba y mostrar todo lo que hay ahí, en ti. Mas, superado ese primer momento, para algunos muy incómodo, la cosa fluye sola. Tanto así que, al pasar los días, uno se acostumbra a la trasparencia del cristal más puro y encuentra en la Casa un refugio contra tanto juego de apariencias. Es más, desde que te levantas y sales a la calle, te dispones de una manera distinta. La mirada a cambiado. Te sorprendes más seguido, callas más veces de las acostumbradas y prefieres escuchar, a los demás, y en ellos, a tu interior. Miras, en definitiva, hacia adentro de los demás y de ti mismo, buscando aquello que ordena tus células y las de tus compañeros. Esa fuerza, ese acto que es acto de todo acto. Esa continua creación que tiene un solo origen, un solo Creador, y un solo nombre. Ese tender hacia El.

En la Storta te haces trasparente contigo mismo. Puedes volverte sobre ti y penetrar. Buceas donde antes no había llegado la luz. Recuerdas, revives, pero siempre mirando a futuro. Te expones, y los demás se exponen, sin el voyerismo actual, para mirarse y descubrirse juntos. Tanto así, que prefieres no salir en la foto, pues sabes que en la mirada de los demás -en este caso, de Milena, Romina y Daniela- te encuentras. Intuyes que aun transparente al ojo humano, estás ahí, detrás de la cámara, en la casa de cristal.

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