El breve Papa de la sonrisa Juan Pablo I

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El Papa Luciani, el Papa Juan Pablo I, fue el Papa efímero, el Papa sencillo, el Papa catequista, el Papa de la sonrisa. Con estas “armas” se llenó el corazón de la catolicidad en apenas treinta y tres días.
Todo se resumía en el lema de su pontificado: Humilitas (humildad).


Albino Luciani es uno de esos personajes que pasan y parece que se alejan sin más. Sin embargo su pensamiento, su mensaje y la dulzura y grandeza de corazón quedan perpetuados en sus obras, grandes o pequeñas.

La sonrisa del papa Luciani enhebraba la bondad sabia del papa Juan (XXIII) y la sabiduría bondadosa del papa Pablo (VI), dos titanes del Concilio Vaticano II.


“Un Patriarca que andaba en bicicleta”.

La anécdota de la bicicleta es memorable, lo retrata: tenía que hacer una visita pastoral a una parroquia, en Mestre. Él renunció al permiso especial que le expidieron para sus desplazamientos (había restricciones por la carestía de petróleo) y tomó el tren de Venecia a Mestre, y allí se montó en la bicicleta hasta la parroquia. Luciani no olvidará sus orígenes humildes, sus penurias, aquellas palabras de su padre, albañil emigrante, “tendremos que hacer un sacrificio”, cuando Albino, a los 11 años, pide ir al seminario. O aquella carta: “espero que cuando seas cura no te olvides de los obreros”. En una de sus primeras audiencias dirá: “El Papa conoció el hambre”.

El “párroco del mundo”, así se le llamó. El papado debería ser diferente, acorde con una personalidad. Su impacto a las multitudes tuvo un factor clave: supo llegarles de forma directa. Sus catequesis hablaron de la realidad y del drama humano, de lo que padece cada familia y persona en el mundo. ¿Cómo podría olvidarse esa enseñanza sobre el respeto a los padres, el 6 de septiembre de 1978, cuando Juan Pablo I tuvo ese diálogo con un monaguillo de Malta para destacar el amor que los hijos deben a los padres, sobre todo cuando son viejos?

Y hoy en este mundo donde parece dominar la soberbia, donde muchos quieren aparecer como los únicos y con la autoridad precisa e indiscutible en sus dichos, resplandecen las palabras del papa Juan Pablo I, como lección a todos los que creemos en Cristo, en el tercer milenio.

El Señor lo ha recomendado insistentemente: sed humildes. Aunque hayáis hecho grandes cosas, decid: somos siervos humildes.

En cambio, la tendencia de todos nosotros es la contraria; queremos que se nos admire. Humildes, humildes: es la virtud cristiana que nos concierne a todos”. (6 de septiembre, 1978).

Te recordamos, Papa Luciani.

ORACIÓN DEL SIERVO DE DIOS ALBINO LUCIANI, JUAN PABLO I
Señor, tómame como soy;
con mis defectos
con mis debilidades.
Pero hazme llegar a ser
como tu quieres.

Bicycle

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