Pausa

“Oren sin cesar” (Efesios 6,18), no significa que dejemos de trabajar; significa que hay que saber encontrar a Dios que está en todas partes y en todo momento…


Nosotros tenemos la Pausa Diaria, nuestra manera especial de hacer oración constante. Recorrer, junto con el Señor, lo que ha sucedido en el día, conversándolo con Él. Procurando descubrir por dónde me ha querido llevar Jesús. Sé que Él está siempre está con nosotros, conmigo,; tomemos conciencia de esa verdad, escrutando todas las horas del día …

La finalidad es buscar y hallar a Dios en todas las cosas, es decir,
reconocer la presencia de Dios en la propia vida y a mi alrededor.
Gradualmente, con práctica, llega a ser una manera de ver, comprender,
querer, pensar, y actuar.

Por consiguiente, la pausa ignaciana no se reduce a hacer un balance
que se hace al final del día para enjuiciar lo bueno y lo malo.  Tampoco
se trata de compararse con un modelo imaginario de perfección que sólo
sirve para frustrarse y desanimarse.  La pausa ignaciana pretende ser
una ayuda para crecer en la intimidad con Dios y su vivencia práctica en
mi relación con los otros; como consecuencia también me doy cuenta de
mis fallas pero sólo desde Él.

1.- Agradecer
* Tranquilizarse y ponerse en la presencia de Dios.
* Revivir el día sin emitir juicio: con quién estuve, qué hice, qué
dije, qué me dijeron.
* Hacer consciente mis sentimientos: cuál es mi estado de ánimo,
qué me molestó, qué me dio alegría, etc.
* Doy gracias por todo.

2.- Pedir perdón y perdonar
* Delante del Padre misericordioso pedir perdón por mis
inconsistencias.
* Perdonar a las personas que me han hecho daño, aunque sea sin
intención.
* Agradecer a Dios por aceptar tal como soy (no por lo que hago o
dejo de hacer).

3.- Acto de confianza en Dios
* Abandonarme en las manos del Padre.
* Pensar en mis compromisos del día siguiente.
* Confiar en Él.

…Padre Nuestro…

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Acerca de cvxvalparaiso

La Comunidad de Vida Cristiana (CVX) es una asociación de laicos, católicos, hombres, mujeres, adultos y jóvenes, que desean vivir plenamente sus vidas (a nivel personal, familiar, profesional, y social) inmersos en la realidad del mundo de hoy. Y que quieren seguir más de cerca a Jesucristo y dar testimonio de su Buena Noticia, comprometidos con toda la humanidad, trabajando con fuerza en la construcción de un mundo más justo y más humano. “Nuestra Comunidad está formada por cristianos hombres y mujeres, adultos y jóvenes, de todas las condiciones sociales que desean seguir más de cerca a Jesucristo y trabajar con El en la construcción del Reino, y que han reconocido en la Comunidad de Vida Cristiana su particular vocación en la Iglesia. Nuestro propósito es llegar a ser cristianos comprometidos, dando testimonio en la Iglesia y en la sociedad de los valores humanos y evangélicos esenciales para la dignidad de la persona, el bienestar de la familia y la integridad de la creación. Con particular urgencia sentimos la necesidad de trabajar por la justicia con una opción preferencial por los pobres y un estilo de vida sencillo que exprese nuestra libertad y nuestra solidaridad con ellos. Para preparar más eficazmente a nuestros miem­bros para el testimonio y el servicio apostólico, especial­mente en los ambientes cotidianos, reunimos en comunidad a personas que sienten una necesidad más apremiante de unir su vida humana en todas sus dimensiones con la plenitud de su fe cristiana según nuestro carisma. Como respuesta a la llamada que Cristo nos hace, tratamos de realizar esta unidad de vida desde dentro del mundo en que vivimos”. (Nuestro Carisma Nº 4, Principios Generales de la Comunidad de Vida Cristiana) La CVX, Comunidad de Vida Cristiana, está presente en 60 países de todo el mundo. Y en Chile tenemos 273 comunidades repartidas en Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Linares, Chillán, Concepción, Osorno, Puerto Montt y Punta Arenas, donde participan activamente 2472 personas entre estudiantes secundarios, jóvenes y adultos, que conforman las tres ramas de la CVX. La fuente de la CVX es la espiritualidad ignaciana, una espiritualidad que se funda en la experiencia de San Ignacio de Loyola, y que es transmitida particularmente a través de los Ejercicios Espirituales.
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