Y el Verbo se hizo carne” (Jn 1,14).

Mira a tu salvador que llega
Amanece la luz para el justo, la alegría para los rectos de corazón.
Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre.
(los pastores) Fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre.


Queridos amigos, desde el equipo de Comunicación de CVX-V les queremos desear una Feliz Navidad de corazón… Este mes esta lleno de buenos deseos, recuerdos, notas con frases de cariño… Las intercambiamos en estas fechas y nos recuerdan a los amigos ausentes.
Deseamos que no sea de esas muchas notas que son tan oficiales que es casi un gasto de papel donde los textos no son nada personales… esto que les escribimos queridos amigos deseamos que sea parte de esas algunas felicitaciones que sabemos más personales, más anheladas, de algún modo un poco más auténticas. Esta nota la pensamos pensando en nuestra CVX… en nuestras comunidades individuales en las cuales ustedes crecen…estas palabras tienen nombres, como Angelica, Andres, Juan, Puente Cancha, LoMontes, Padre Carlos, Yassna, Roxana, Rodo, Camilo, Carolina, Morita Grande, Morita Chica… Ignacio, Pedro y tantos otros.

También de alguna manera Dios nos “escribe” esta tarjeta navideña. como todos los años, puntual. Y como todos los años su mensaje, su palabra, se vuelve declaración de amor, poema, villancico y promesa.


Que un Dios encarnado no es un Dios colorado. En todo caso un niño sonrosado, aunque más bien hiciera frío en el establo y, si no es por la mula y el buey hubiesen estado todos paliduchos.La encarnación, sobre todo, tiene que ver con que Dios se hace humano. Qué extraño… Un Dios todopoderoso convertido en un ser humano frágil y débil. Un Dios que todo lo sabe, ahora balbuceando. Un Dios creador necesitado del calor de su creación. Para que luego digan que Dios está despreocupado, lejano o ajeno al mundo. Tan cercano está que se hace uno de nosotros. Tan atento está que comparte nuestra vida.


La encarnación es la manera en que Dios dice: “Te amo. Tanto que aquí me tienes. Tanto que quiero mostrarte un camino, y vengo a tu encuentro para ello..”

Es un misterio y nos da bastante rabia si, ante cada cosa que no se puede explicar, nos conformamos con decir: “Ah, es el misterio…” como si nos estuviese vedado comprender, y tuviésemos que resignarnos a aceptar sin más.

En las novelas policíacas, cuando hay un misterio se buscan respuestas. En realidad para nosotros “misterio” no evoca tanto que tengamos que renunciar a entender, sino que tenemos que buscar, aun sabiendo que muchas respuestas nos desbordan, porque la manera de hacer de Dios es extraña.

Es misterio que un Dios se haga hombre en un pesebre. Es misterio que sean los más excluidos los que lo reconozcan. Es misterio que poderosos sabios de oriente se arrodillen ante este bebé del establo. Es misterio que esté entre nosotros y no sepamos verlo. Misterio es, en fin, que donde todo lo que se valora es poder, Dios elija pequeñez y donde todo lo que se aplaude es éxito, este camino que comienza en Belén tenga una cruz en el horizonte. Y ante el misterio es muy lúcido preguntarse por qué de esta lógica extraña.

El misterio es la manera en que Dios nos reta: “no te quedes en las apariencias. Busca el sentido profundo. Aprende a mirar en lo oculto. Cambia de perspectiva, y me encontrarás”

Nos invita a estar en la gloria , en lo más coloquial es, disfrutar de uno de esos momentos en los que no le puedes pedir nada más a la vida. Por ejemplo, un buen baño caliente después de haber pasado mucho frío… un banquetazo con tus platos favoritos. Un rato tranquilo si tu vida es trepidante.

Alcanzar la gloria es también triunfar, como los futbolistas que ganan un mundial o el atleta olímpico coronado de laurel y oro… La GLORIA de Dios es también asomarse a su plenitud. Es curioso, porque de alguna manera resulta que el portalín de piedra se convierte en una ventana a través de la cual podemos percibir quién y cómo es Dios. Y su gloria es ciertamente diferente. Su grandeza es mucho más apabullante que si la desplegase como un emperador.

La gloria de Dios es su mensaje en el que nos pregunta: “¿Con qué lógica funcionas tú? ¿Qué crees que merece la pena? ¿Y por qué crees que elijo este camino?”

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