Mes: julio 2010

31 de julio… Día de San Ignacio

1556. San Ignacio de Loyola entró en agonía, y “antes de dos horas de sol”, y a la edad de 65 años, a los 35 de su conversión y 16 años después de confirmada la Compañía por el Papa, estando presentes el P. Dr. Madrid y el Maestro Andrés de Frusis, dio el alma a su Criador y Señor, sin dificultad ninguna, como era de esperarse, pues Ignacio, según Goncalves da Camara, “pensando en la muerte, tenía tanta alegría y tanta consolación espiritual en haber de morir, que se derretía todo en lágrimas”.

“No llamó a sus hijos para darles la bendición, nombrar sucesor, hacerles las últimas recomendaciones; sino que silenciosamente casi furtivamente, sin ostentación ni aparato, dejó este destierro para presentarse, como un siervo bueno y fiel, ante su Rey y Señor”.

“Hasta 1521 fue cortesano y pecador, soldado vano y desgarrado. Desde 1521 hasta 1540 se hace penitente, estudiante, peregrino del ideal de la Mayor Gloria de Dios. En 1540 hasta su muerte, llega a la posesión del ideal e Ignacio es Capitán de la Compañía de Jesús, Legislador y vencedor en muchas batallas”.

Al morir dejaba a la Compañía en 92 Casas, de las que 33 eran Colegios de Segunda enseñanza. Los jesuitas ascendían a 1.036 en 11 Provincias. Pero sobre todo, moría después de haber logrado felizmente la corifirmación de la Compañía, la aprobación del Libro de los Ejercicios por la Santa Sede, y la conclusión y observancia de las Constituciones.

Fue elevado al honor de los altares por Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, y en la Bula de canonización, dice el Papa que Ignacio “tenía un alma mayor que el mundo”. Y el Cardenal De la Cueva afirmó que era “Una de las más grandes cabezas de la cristiandad”.

31 de julio de 1556 nacia para el cielo, Ignacio de Loyola fundador de la Compañia de Jesús, un hombre santo y su característico sello que inspira aún a hombres y mujeres de hoy.

La comunidad Jesuíta de Valparaíso tiene el agrado de invitarnos

en el Templo de los Padres Jesuitas de Valparaíso

Te esperamos este sábado 31 de julio  desde las 18:00 en el Templo de la Compañía de Jesús para compartir la oración cantada  y la  Santa Misa, Solemnidad en honor de San Ignacio de Loyola,  junto a toda la comunidad Ignaciana.

Indulto bicentenario: Opinión de Monseñor Cristián Precht

Los invitamos a visitar el sitio de CVX en Chile http://cvxchile.blogspot.com/ y leer el articulo de Monseñor Precht:

Más que un indulto se trata de otorgar algunos beneficios

El Vicario general de Pastoral comentó que “quizás la palabra indulto” no sea la más adecuada, ya que la solicitud de la Iglesia Católica apunta a “ver cómo ayudamos a esas personas que han cometido un equívoco a redimirse con la sociedad”…

PBRO. CRISTIAN PRECHT BAÑADOS VICARIO GENERAL DE PASTORAL ARZOBISPADO DE SANTIAGO, CHILE

Y con Él crucificaron a dos bandidos, uno a la derecha, y el otro a la izquierda de El. Así se cumplió la Escritura que dice: “Y fue contado entre los malhechores” (Me 15,27-28). … donde lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno de cada lado, quedando Jesús en el medio (Jn 19,18).

¿QUIÉN ES CRISTIAN PRECHT?: nació en Santiago de Chile el 23 de septiembre de 1940. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Saint George que dirige la Congregación de Santa Cruz (csc). Después de cursar algunos semestres de Derecho ingresa, en 1961, al Seminario Pontificio de Santiago y es ordenado sacerdote por Mons. Fernando Ariztía, el 6 de agosto de 1967.

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«Con sólo que llegue a tocarle el manto, curaré»


Escuchad, hermanos. Si la bienaventurada Virgen María es honrada de tal manera –y es justo que sea así- por haber llevado a Cristo en su seno bendito, si el bienaventurado Juan Bautista tembló hasta el punto de no atreverse a tocar la cabeza sagrada de su Dios, si el sepulcro en el cual el cuerpo de Cristo fue recostado por poco tiempo esta ahora envuelto de veneración, cómo deber ser santo, justo y digno el que toca a Cristo con sus manos, le recibe en su boca y en su corazón y lo da a los demás como alimento, ese Cristo que ahora ya no es mortal sino eternamente vencedor y glorioso, sobre quien los ángeles desean fijar su mirada.

Tened en cuenta vuestra dignidad, hermanos presbíteros, y sed santos porque él es santo (1P 1,16)… ¡Gran miseria y miserable flaqueza si, teniéndolo así presente entre vuestras manos, os ocupáis en cualquiera otra cosa en el mundo!

Que tema todo hombre, que tiemble el mundo entero, y que exulte el cielo cuando Cristo, el Hijo de Dios vivo, está sobre el altar entre las manos del presbítero. ¡Qué admirable grandeza y qué asombrosa bondad! ¡Qué sublime humildad! El Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, se humilló por nuestra salvación hasta el punto de esconderse bajo una pequeña hostia de pan. Fijaos, hermanos, en la humildad de Dios; que vuestros corazones le rindan homenaje. Sed humildes también vosotros, para poder ser exaltados por él. Que no os quede nada para vosotros a fin de que el que se da a vosotros todo entero os reciba enteros.

San Francisco de Asís (1182-1226), fundador de los Hermanos Menores
Carta a toda la Orden

¿Qué nos estás diciendo, Señor?

Mateo 9: 9-13

Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Mateo se levantó y lo siguió. Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: “¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?” Jesús los oyó y dijo: “No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.


Mateo era un cobrador de impuestos, y el dinero visible sobre la mesa simboliza la avaricia terrena. Aquellos que, como Mateo y los dos jóvenes, levantan la mirada de lo material hacia Cristo y se dan cuenta de su luz, se salvarán; en cambio, los que no responden a su llamada, como el anciano con gafas (¿cegado por el dinero?) y el tercer joven que continúa contando ávidamente las monedas, serán destinados a perderse. Cristo, según el evangelio de Juan, es la “Luz verdadera que ilumina a todo hombre”, pero “las tinieblas no le recibieron”. El teólogo jesuita Juan Maldonado, en el siglo XVI, explicaba esta dialéctica entre luz y tinieblas del siguiente modo: Si algunas personas no son iluminadas es porque no quieren recibir la luz que se les ofrece, es decir, no quieren ser iluminados.

El gran pintor Caravaggio trata de reflejar en este cuadro, por tanto, la compleja relación entre la libertad humana y la gracia divina.