¡PERDÓNANOS, SEÑOR!

Por José María Maruri, S.J.

1.-“Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” ¿es sólo el piadoso recitar de un salmo?, o ¿el mismo abandono real que en el Huerto hizo al Señor sentir angustia, tedio, pavor y miedo hasta por los poros romper la sangre al suelo? Era la hora del príncipe de este mundo, cuando Satanás entró en Judas y cuando Judas salió era de noche.

Pablo lo expresa brutalmente “al que no conoció pecado Dios lo hizo pecado en lugar nuestro” “Cristo nos rescató de la maldición haciéndose por nosotros maldición”.

Ahora es cuando en verdad, el sin-pecado se hace uno de nosotros, saltando de barrera del pecado para zambullirse en la responsabilidad del pecado. Sin haberse puesto jamás de espaldas a Dios, por infinita compasión son nosotros, “porque si esto se hace en el leño verde que será en el seco” se puso ante el paredón, nos cubrió con su cuerpo, como Moisés se enfrentó con Dios para salvar al pueblo.

Esto es lo que llamamos redención y no sabemos lo que decimos, no es sólo morir, no es sólo dar la vida por cada uno de nosotros darse en rehén, mercedario de otros tiempos, “habéis sido rescatados al precio de la sangre de Cristo “balbucea San Pedro y no sabe lo que dice.

El Hijo de Dios inocencia infinita, santidad sin límites, aborreciendo la maldad de nuestros pecados, lanzándose al abismo que separa el bien y el mas, el cielo y el infierno, el amor y el odio, acepta ante su Padre Dios toda la responsabilidad de los pecados del mundo.

–Responsable de asesinatos, torturas, crueldades, El cuyas manos han sido hechas para curar, bendecir, acariciar a los niños.

–Responsable de blasfemias, atroces mentiras, engaños, Él, cuyos labios no han sabido más que decir la verdad, consolar, perdonar.

–Responsable de obscenidades, tráfico de mueres y niños. El Hijo de la Purísima, fruto sagrado del Espíritu Santo.

–Odios, venganzas, guerras asoladoras. El que nos dijo amaos los unos a los oros.

Y se sintió solo, porque Dios no puede estar donde está el pecado, silencio aterrador de Dios, muro negro, desamparo de Dios que sería sacrílego imaginar si no fuera obligatorio creer.

¿Por qué me has abandonado? Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, poco acertada expresión, porque no los quita como quien quita un estorbo de encima de una mesa, como tampoco toma sobre sus espaldas el baúl de nuestras iniquidades, como no tomó tanta porquería como con pinzas, para con asco tirarlas a la jofaina del quirófano, ni el estorbo, ni el baúl, ni la jofaina implica a la persona, salir responsable sí

Y el Hijo se Dios se encontraba perdido, porque El mismo se abandonaba a si mismo, el hombre puede convivir con su pecado, el Hijo de Dios no, porque es volver del revés su naturaleza. La verdad que se despojó de su rango, se aniquiló haciéndose responsable del pecado, de mi pecado. Perdónanos, Señor.

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