Una mirada en silencio

Algo para pensar y orar en esta semana


Que extrañas son muchas de las escenas del Evangelio que le siguen a la Resurrección! Especialmente aquella en que los discípulos se han encerrado en una habitación, llenos de temor, a pesar del testimonio de María de Magdala sobre su encuentro con el Jesús vivo. Ellos están retraídos, paralizados, inmóviles. Pero Jesús llega, cruzando las barreras que ellos habían levantado, llega precisamente donde ellos están, y tal como están. También es extraordinario el regalo que les ofrece: “La Paz sea con vosotros”, y la repite: “La Paz sea con vosotros.” Y esa Paz la ofrece, por tercera vez, en la ocasión en que vuelve a verlos, a ayudar al discípulo, al que llamamos “Tomás el incrédulo”, a recibir el regalo de la Fe Pascual. “Tú eres mi Señor y mi Dios” (Juan 20:28) exclama Tomás con palabras que son el climax de todas las palabras pronunciadas con fe en el Evangelio de Juan. Y todo este misterio está presente para mí, para nosotros ahora. Alguien llega por nosotros, justo donde estamos y tal como estamos. “Mira que estoy a la puerta y llamo!”(Revelación 3:20). Él va a venir, al hogar de mi corazón, y se sentará a compartir la mesa conmigo. Y luego de ese encuentro yo podré salir, con valentía en mi corazón, para irradiar el regalo de la Fe Pascual.

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