Mes: septiembre 2011

Opción por los pobres…

El jueves 25 de agosto murió baleado un joven chileno. Murió un joven creyente. Murió un pobre, un marginado.

En los primeros instantes posteriores a los hechos, mucho se especuló respecto a la autoría de los disparos que impactaron el pecho del joven. Se decía que había sido un carabinero. Lo único claro era que una vez más, las calles de una población de algún “sector popular” de Santiago se teñían de sangre.

Buscando en internet, encontré un video donde entrevistaban a una testigo del asesinato, la cual declaraba: “sinceramente el pobre y la población siempre van a ser marginados. Siempre van a decir que no, que nosotros provocamos. Pero realmente que alguna vez se haga justicia”. Sus palabras me dolieron. Cuanta desesperanza, cuanta frustración en ella.

Nos basta con la “justicia formal” del caso. No basta con encontrar al culpable, darlo de baja, condenarlo, colocarlo en prisión. No es sólo esa justicia la que exige, la que implora. “…Que alguna vez se haga justicia”. Al menos por una vez, por un instante, para sentirse tomada en cuenta, incluida, parte de este país, de esta sociedad. Que no siempre sean ellos los marginados, los malos de la película, los “flaites”. No basta con esa justicia. ¿Saben por qué? Porque mañana o pasado mañana matan a otro joven. Quizás lo hacen otros carabineros, quizás algún compañero de curso, quizás los barristas del equipo contrario.

Benito Baranda en un video que circulaba por internet, muy bien decía: “la paz social es sólo fruto de la justicia”. De acuerdo. ¿Qué estamos haciendo todos, pero particularmente los cristianos para cosechar justicia y, por lo tanto, paz social?

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Alma de Cristo

En el texto autógrafo, Ignacio encabeza el libro de los Ejercicios Espirituales con la oración del Alma de Cristo, una oración antigua medieval a la que Ignacio tenía una muy especial devoción, proponemos meditarla juntos esta semana.
Alma de Cristo, santifícame
Los problemas del alma, es decir, la falta de aliento, de estancamiento en la vida espiritual, la presencia del cansancio en la propia vida, el desánimo frente a la propia mediocridad. Entonces, Alma de Cristo santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame
Los problemas del cuerpo, cuando uno siente que el cuerpo es un estorbo y una dificultad; cuando se da la contradicción  entre lo que se quiere y lo que se hace, entre los deseos y la realidad; cuando se comienza a constatar la falta de fuerza física y las correspondientes limitaciones. Entonces, Cuerpo de Cristo, sálvame. 
Sangre de Cristo, embriágame
Los problemas de tibieza, de demasiado cálculo en la propia vida, de egoísmos, de búsqueda de comodidad; cuando uno está consciente de la falta de generosidad y de la falta de mayor compromiso en su vida, de la falta de entrega y de la desolación. Entonces, Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame
El problema del pecado y de la falta repetida, las mismas recaídas, los malos hábitos, el engaño sobre la propia vida; otras veces, un pasado que pesa demasiado y que aún hace sentir impuro y falso. Entonces, Agua de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame
Los problemas del dolor, de dificultades exteriores e interiores, propios y ajenos; la dificultad de controlar los propios sentimientos, los miedos, los aburrimientos, las tristezas; el temor frente a las dificultades y el horror frente al dolor. Entonces, Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh buen Jesús, óyeme!
Los problemas de oración, es decir, cuando la misma oración se ha vuelto problema porque la verdad es que no se cree del todo ni a fondo, o porque no se sabe rezar o porque se siente que Jesús no escucha, o porque no se cree en la misericordia. Entonces, ¡Oh buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme
Los problemas de la superficialidad al darse cuenta que no se vive en profundidad, aún más, que uno vive tal como es modelado por otros; que uno está demasiado condicionado, excesivamente esclavo de las circunstancias que lo rodean; que se vive sin coherencia y sólo hacia fura, sin profundidad ni convicción. Entonces, Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti
Los problemas de la afectividad espiritual cuando se comprende pero no se siente, cuando se predica pero no se conmueve; cuando la fe se vuelve demasiada fría, excesivamente racional; cuando la Persona de Jesús se ha vuelto un concepto o una idea; quizás hubo un pasado cuando uno gozaba en la presencia de la cercanía divina pero ahora ha entrado la amargura, el cinismo para poder sobrevivir sin dolor y sin demasiadas preguntas: entonces, No permitas que me aparte de ti.
Del maligno enemigo defiéndeme
Los problemas de una situación difícil y agobiante, cuando se siente que los demás se aprovechan de uno, cuando uno se topa constantemente con el egoísmo de otros, cuando da miedo ser el primero y atreverse para no hacer el ridículo; cuando la atracción por el poder, el prestigio, la riqueza se hace muy fuerte. Entonces, Del enemigo malo, defiéndeme.  
En la hora de mi muerte, llámame y mándame ir a Ti para que con tus ángeles te alabe por los siglos de los siglos.
AMÉN

 

Algo para pensar y orar en esta semana

Se ha dicho que la oración más verdadera sucede cuando estoy totalmente abierta/o a Dios, vulnerable, indefensa/o y confiada/o. La mejor y más simple oración se resume cuando digo: “Aquí estoy, Señor, tal como soy”. En la oración es cuando abro mi corazón y todo mi ser, con la confianza de un niño y con una sencillez total. Sencillamente me encomiendo a Cristo, El que está siempre ahí para mí. Y puedo hacer eso, porque sé que seré recibida/o en amor. Pero esa oración es en realidad una respuesta a lo que Dios hace por mí. Principal y primero, ahí está todo el misterio de la apertura de Dios para mí, la vulnerabilidad de Dios ante mí, la personal entrega de Jesús. Esto es lo asombroso…

La mayor realidad en mi oración es el misterio de la apertura de Dios para mí, la entrega infantil de sí mismo en Jesús. La verdad está aquí, y expresada en el himno de San Pablo en su Carta a los Filipenses, sobre la auto entrega de Dios en Jesús, cuando nos dice que Jesús “se vació de sí”, y “se humilló” por nosotros (Filipenses 2:7,8).

Se puede decir mucho sobre esto, pero lo central es que el Corazón más profundo de Dios está abierto para mí en amor, a través de la persona de Jesús. En mi momento de quietud, Jesús me contempla con amor – y además, se vuelve pobre y vulnerable por mí. Esa es la forma del verdadero amor, después de todo. Y así mi oración se vuelve nada más que una respuesta, llena de sencillez y confianza infantil. Alguien me está diciendo: “Aquí estoy yo, para ti”, y yo puedo contestarle “Y aquí estoy yo, Oh Señor, y tal como soy, para Ti”.

Queridos amigos y amigas de CVX

Cuando culmina el mes de la solidaridad, como Consejo Nacional, ante la complejidad de los asuntos que los movimientos sociales revelan, hacemos un llamado a todos los miembros de CVX a discernir con seriedad la parte que a cada uno y comunitariamente nos toca en el aporte a la  solución de estos conflictos.  Recomendamos  una lectura espiritual de nuestros Principios y Normas Generales.  Allí encontraremos criterios desde nuestra identidad (la de “los que deseamos seguir más de cerca a Jesús”)para responder como CVX a los desafíos del presente.

El debate que se ha instalado tiene amplio consenso en cuanto al fondo de sus reivindicaciones, pero lamentablemente no se ha llegado al mismo acuerdo a la hora de plantear el modo de abordarlas.

Como comunidad debemos acoger con generosidad, respeto y afecto las distintas posiciones de nuestros compañeros de camino, pero que eso no nos impida formarnos una opinión discernida sobre los diferentes temas. Deseamos convertirnos en instrumento de diálogo genuino, es decir, manifestando con claridad y ponderación lo que pensamos, dando así testimonio de una comunidad en búsqueda de un camino común a partir de nuestra diversidad, que lejos de ser un obstáculo es riqueza para todos

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