Opción por los pobres…

El jueves 25 de agosto murió baleado un joven chileno. Murió un joven creyente. Murió un pobre, un marginado.

En los primeros instantes posteriores a los hechos, mucho se especuló respecto a la autoría de los disparos que impactaron el pecho del joven. Se decía que había sido un carabinero. Lo único claro era que una vez más, las calles de una población de algún “sector popular” de Santiago se teñían de sangre.

Buscando en internet, encontré un video donde entrevistaban a una testigo del asesinato, la cual declaraba: “sinceramente el pobre y la población siempre van a ser marginados. Siempre van a decir que no, que nosotros provocamos. Pero realmente que alguna vez se haga justicia”. Sus palabras me dolieron. Cuanta desesperanza, cuanta frustración en ella.

Nos basta con la “justicia formal” del caso. No basta con encontrar al culpable, darlo de baja, condenarlo, colocarlo en prisión. No es sólo esa justicia la que exige, la que implora. “…Que alguna vez se haga justicia”. Al menos por una vez, por un instante, para sentirse tomada en cuenta, incluida, parte de este país, de esta sociedad. Que no siempre sean ellos los marginados, los malos de la película, los “flaites”. No basta con esa justicia. ¿Saben por qué? Porque mañana o pasado mañana matan a otro joven. Quizás lo hacen otros carabineros, quizás algún compañero de curso, quizás los barristas del equipo contrario.

Benito Baranda en un video que circulaba por internet, muy bien decía: “la paz social es sólo fruto de la justicia”. De acuerdo. ¿Qué estamos haciendo todos, pero particularmente los cristianos para cosechar justicia y, por lo tanto, paz social?


Muchas veces los cristianos y, principalmente lo ignacianos, pregonamos que tenemos “una opción por los pobres, una opción por los marginados”. En esto debo ser tajante. No concibo una opción por lo pobres que sea eminentemente asistencialista. No concibo una opción por lo pobres sólo de los fines de semana. No concibo una opción por los pobres que sea “hacia” y no “con” ellos. No concibo una opción por los pobres sin un profundo amor, sin unas ganas tremendas de liberarlos- y con ellos a nosotros también– de toda opresión, de toda esclavitud, de toda servidumbre, de toda explotación. No concibo una opción por los pobres que no trabaje de manera incansable por la justicia, por los derechos, por la verdad, por la verdad acerca del hombre y de Dios.

Si pensamos que nuestra opción por los pobres solamente necesita de ajustes o afinamientos al sistema, y no nos preguntamos por la necesidad de cambios profundos a la estructura socio-económica, cuando las desigualdades e injusticias estén adheridas a las bases mismas de esta, es más una opción por mí que por ellos. Es una opción que finalmente sólo sirve para que no haya más marginados que me asalten, que me hagan sentir inseguro, que pongan en peligro mi paz, mi bienestar, mi justicia, mi derecho, mi verdad.

Cristo vino al mundo a entregarse por los pecados, no de unos pocos, sino de todos. Murió por toda la humanidad. Pero al mismo tiempo nos marcó un camino y fue muy claro. ¡Nació en un pesebre! Como cristianos, nuestra opción por los pobres no es antojadiza ni tendenciosa. Jesús lo hizo primero, él nos enseñó y  lo hizo con su vida.

Hoy tenemos una gran oportunidad. Hoy más que nunca debemos estar atentos a los signos de los tiempos. Tenemos que saber escuchar e interpretar a esa multitud que sale a la calle, a esos jóvenes que les denominan encapuchados, a los cacerolazos que suenan por las noches, a todos ellos que algo están diciendo. Y no lo están diciendo despacio. No nos están susurrando. ¡Nos están gritando! ¿Qué nos gritan? Que al menos por una vez se haga justicia, pero justicia completa, justicia sustantiva.

En las calles se siente la crisis de representatividad que vive nuestro país. La democracia de la transición ya no sirve. La burocracia no da para más. No puede ser que en es más de 200 años de historia, ninguna Constitución de la República haya emanado de la soberanía popular. No podemos dejar pasar este momento. Tenemos una responsabilidad socio-política enorme y debemos asumirla. Pero asumirla desde la fuerza del evangelio y de nuestra espiritualidad. ¿Qué alternativas y soluciones debemos construir como cristianos comprometidos con nuestra sociedad y en especial con los más pobres? ¿Cómo nos estamos formando para asumir esto

La invitación es a no tener miedo, a no dejarnos defraudar, a no bajar los brazos y menos aun a ni siquiera levantarlos.  ¡Tenemos que ser valientes! Tenemos que descubrir de dónde proviene la injusticia, la desigualdad, la opresión, la segregación. Cuál es la raíz que debemos arrancar. En esto no podemos pecar de ignorantes. No nosotros. No en el nombre de Dios.

Hernán Rodrigo Muñoz Paredes
Delegado de jóvenes, CVX Valparaíso.

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One comment

  1. Estimado Hernán

    Siento que muchas de tus palabras tienen una gran verdad , la justicia a mi entender parte de la conversión de los seres humanos a Cristo.
    Desde allí, nuestra vocación por los pobres dejara de ser una opción de fin de semana como tu bien dices .

    Supe por una persona cercana quien era el carabinero que dio muerte de ese estudiante, me contaron que era un hombre bueno, un poblador.
    Quizás tenemos que preguntarlos por las políticas públicas de nuestro país , que reformas hay que hacer cuando se saca personal uniformado para contener las demandas de la ciudadanía y buscar otras formas de contención más humanas .

    Previo a eso como cristianos debemos según una cita Jorge Costadoat Sj. En un artículo de su autoría nos dice “La formula crecimiento con equidad será una formula huera, si Chile no progresa en la conciencia de su pasado y de su vocación fraternal. Se educará para una sociedad más democrática, en la medida que tengamos conciencia del país que hemos sido. Se necesitará, ante todo, cultivar la capacidad de conversar con los que piensan diferente. y, lo más importante , educar el sentimiento de compasión hacia el prójimo”

    Un abrazo Ercilia

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