AYUDAR, CLAVE DE INTEGRACIÓN

Ayudar

«ayudar a las ánimas», ayudar a otros, es el elemento integrador de la persona y de la vida en la propuesta de espiritualidad de san Ignacio. En el «ayudar» ignaciano se dan la mano el amor a Dios y el amor a la persona humana, la experiencia interior y la acción cotidiana; en él se expresa y verifica la profundidad y raigambre espiritual de la persona sometida a la dura prueba de las exigencias ordinarias de la vida; en él convergen la búsqueda de Dios y el compromiso con el mundo. «Ayudar» nos remite a una espiritualidad activa, pero que no consiste meramente en “hacer”, ni se conforma con cualquier forma de hacer….

Ayudar, hace “espiritual” toda la vida

En el imaginario colectivo hay, en muchas ocasiones, una imagen muy limitada, inexacta e incluso caricaturesca de lo “espiritual” y de la “persona espiritual”. Se identifica lo “espiritual” con rezos, misas o actividades de Iglesia, o, a lo más, y en el mejor de los casos, con actividades meramente interiores. Al pensar en una “persona espiritual” se tiende a pensar en una persona “beata”, más bien mojigata y poco comprometida, cuando no extraña y rara, con la que no se puede contar mucho para las cosas y los trabajos normales de la vida.

No es así. Lo espiritual cristiano es aquello “animado” por el Espíritu de Jesús. Un Espíritu que nos abre a Dios como Padre, que nos hace vivir como hijos y que nos impulsa, como impulsó a Jesús, «a dar la buena noticia a los pobres, a anunciar la libertad a los cautivos, y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4, 18-19). El Espíritu nos hace capaces de «ayudar», en lenguaje ignaciano. Es el «ayudar» a otros inspirados y animados por el Espíritu de Jesús, lo que hace “espirituales” nuestros actos, nuestros pensamientos y oraciones, nuestros estudios, nuestra vida entera. Ayudar hace “espi- ritual” nuestra vida, toda nuestra vida.

Nos hemos acercado al punto nuclear de la espiritualidad ignaciana. Que- dan pendientes otras muchas cosas: la fuente y alimentación del deseo de «ayudar», las estrategias y mediaciones de esa ayuda, las resistencias y dificultades. Pero «ayudar» es el corazón que movió la vida personal y apostólica de San Ignacio y la propuesta que de él recibimos para vivir con gozo y sentido nuestra propia vida.

Extracto de HORIZONTES DE VIDA  Darío Mollá Llácer, S.J.

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