Día Nacional de CVX – Con ecos de la Asamblea de El Líbano

libano2“Éste es mi hijo, el amado. Escuchen lo que Él les diga” (Mc. 9, 7).

Tomás Ojeda

Son muchas las emociones en juego y muchos los deseos que quisiera compartir en este día tan importante como comunidad nacional. La Asunción de nuestra Señora nos recuerda nuestras raícescomo comunidades marianas y me obliga a detenerme en las consecuencias que tuvo el sí de una mujer y su rol en la historia de salvación de quienes, hoy, nos reconocemos como Hijos y hermanos. Es esta imagen la que aparece cuando recuerdo a la Asamblea mundial, y el llamado que confirmamos al repetir esa respuesta sencilla y radical delante de la Iglesia y la humanidad entera.Éste es, también, nuestro año jubilar como comunidad mundial ya que celebramos nuestros 450 años de existencia. El Padre Adolfo Nicolás Sj., Provincial General de la Compañía de Jesús, nos lo recordó explícitamente en El Líbano, animándonos a confiar en la fuerza renovadora del Espíritu y en la voluntad de quien desea que todos, sin excepción, experimentemos el gozo de la vida nueva y renovada, aun cuando sean muchos los signos que nos hacen pensar que la fiesta no es para todos y que el gozo se restringe a unos cuantos.

La Asamblea fue ocasión para escuchar el dolor del mundo, la injusticia y sus consecuencias deshumanizantes, especialmente la de nuestras comunidades hermanas de Siria y Egipto; fue ocasión para sentir con la Iglesia y los desafíos que supone la transmisión de la fe en contextos que cuestionan el valor de lo religioso y sus proposiciones de sentido; fue, también, ocasión para discernir y confirmar dónde y con quiénes sentimos que debemos estar.

Lo primero que hicimos fue interrogar nuestras raíces e identidad como cuerpo apostólico laical. ¿Por qué cuerpo? Ciertamente, no solo en referencia a la imagen bíblica del cuerpo y sus partes. Es la metáfora más inmediata que disponemos para sabernos comunidad nacional y mundial, la superficie que hace de fundamento y que la sostiene como la casa edificada sobre roca; es la materia sensible que percibe y registra todo lo que ese cuerpo experimenta desde su origen hasta el presente: el que se inquieta y lamenta por las consecuencias del desastre nuclear en Hiroshima y el que se divierte con los niños del “Rincón de todos” en Uruguay; el que le presta un hombro a los separados vueltos a casar y el que abraza a los homosexuales y sus familias.

¿Por qué laical? Porque es el lugar desde donde nos situamos, el filtro con el que miramos las cosas y el modo con que hemos construido nuestro ser cristianos: la referencia que mejor se ajusta a lo que hacemos en nuestros trabajos y estudios, como hijos e hijas, madres y padres, hermanos y ciudadanos. Para nosotros, sin dudas, el sello que define nuestro Carisma y aporte a la Iglesia, la manera con que actualizamos nuestro Bautismo e interpretamos la espiritualidad ignaciana. En definitiva, el lugar donde nuestra vocación y misión mejor se realizan.

¿Dónde y con quiénes sentimos que debemos estar? ¿Cuáles son esas fronteras, esos límites donde reconocemos que la vida humana está amenazada, donde sentimos que debemos arriesgar nuestra palabra para que la Buena Nueva del Evangelio triunfe en medio de lasuperficialidad y el sin sentido?

Cuatro fueron las fronteras que orientarán el gobierno de la CVX mundial por cinco años, y que servirán como referente para las iniciativas apostólicas que emprendan cada uno de los más de 65 países que conforman este gran cuerpo apostólico: Globalización y PobrezaEcologíaFamilia yJuventud. Frente al desafío que supone cada una, la Asamblea respondió con las siguientes palabras: apertura, profundidad, sabiduría, diversidad, entre otras, palabras que reflejan el sentir de una comunidad que quiere renovar su lenguaje para salir al encuentro de las personas y contextos que requieren de nuestra colaboración y acompañamiento.

Ya tendremos ocasión de conocer el documento final de la Asamblea y los desafíos que, sin dudas, afectarán a cada una de nuestras Ramas y regiones. Mientras, agradecer por el testimonio y colaboración de todos y todas, laicos y religiosos, que han respondido como María a la invitación que Dios les hizo y sigue haciéndonos a lo largo de nuestra historia como comunidad nacional. Celebremos este día agradecidos por tanto bien recibido y confiados del deseo que anima tanto a nuestra comunidad como a las que se encuentran esparcidas por el mundo. Que nuestros afectos y voluntad se ordenen y hagan disponibles para escuchar lo que Dios quiere para nosotros, la CVX y la Iglesia, en particular, para quienes siguen esperando y son signo evidente de su acción transformadora.

Tomás Ojeda
Chileno, vive en Santiago, Chile. Psicólogo clínico infanto-juvenil de la P. Universidad Católica de Chile. Trabaja en la unidad de Pediatría del Hospital FACH.
También es nuestro delegado a la Asamblea Mundial en el Líbano que nos regala una reflexión que une nuestra celebración nacional con su vivencia en la Asamblea. Esta es una invitación para que la puedan compartir y leer en las reuniones de las comunidades particulares. Está también publicada en el sitio www.cvx.cl
“Querido Dios, ha llegado el tiempo de la cosecha! Danos sabiduría y alegría para vivirla intensamente y actuar en concordancia”
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