Mes: noviembre 2015

Vela de armas en Montserrat …

En la vela de armas ante el altar de nuestra Señora y en el dejar la daga y su espada a los pies de la Virgen, Ignacio nos da testimonio de una profunda reverencia, admiración y amor a la Madre de Dios.

No 17. Y fuese su camino de Monserrate, pensando, como siempre solía, en las hazañas que había de hacer por amor de Dios. Y como tenía todo el entendimiento lleno de aquellas cosas, Amadís de Gaula y de semejantes libros, veníanle algunas cosas al pensamiento semejantes a aquellas; y así se determinó de velar sus armas toda una noche, sin sentarse ni acostarse, mas a ratos en pie y a ratos de rodillas, delante el altar de nuestra Señora de Monserrate, adonde tenía determinado dejar sus vestidos y vestirse las armas de Cristo. Pues partido deste lugar, fuese, según su costumbre, pensando en sus propósitos; y llegado a Monserrate, después de hecha oración y concertado con el confesor, se confesó por escrito generalmente, y duró la confesión tres días; y concertó con el confesor que mandase recoger la mula, y que la espada y el puñal colgase en la iglesia en el altar de nuestra Señora. Y este fue el primer hombre a quien descubrió su determinación, porque hasta entonces a ningún confesor lo había descubierto.

La Virgen María es central en la mente ignaciana, como mediadora e intercesora ante el Padre…

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  • ¿Qué me ha llamado la atención?

    “Ya sabemos de su vela de armas en Montserrat, donde deja en el altar de la virgen sus armas de caballero mundano y se reviste de las armas de Cristo. Llega el caballero y sale el mendigo.”

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El compromiso por el bien común

Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese «todos nosotros», formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. No es un bien que se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social, y que sólo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo más eficaz. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar por el bien común es cuidar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que se configura así como pólis, como ciudad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales. Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. Ésta es la vía institucional —también política, podríamos decir— de la caridad, no menos cualificada e incisiva de lo que pueda ser la caridad que encuentra directamente al prójimo fuera de las mediaciones institucionales de la pólis. El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. Como todo compromiso en favor de la justicia, forma parte de ese testimonio de la caridad divina que, actuando en el tiempo, prepara lo eterno.

Caritas in Veritate

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Mes de María, mes de Vela de Armas, mes de Compromisos, mes de Asamblea…

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El estilo de vida de la Comunidad de Vida Cristiana compromete a sus miembros a buscar, con la ayuda de la comunidad, un continuo crecimiento personal y social en lo espiritual, lo humano y lo apostólico. En la práctica, esto trae consigo: frecuente participación en la eucaristía; intensa vida sacramental; práctica diaria de oración personal, especialmente de aquella que se basa en la Sagrada Escritura; discernimiento por medio de la revisión diaria de la propia vida y – dentro de lo posible – de la dirección espiritual periódica; una revisión interior anual en conformidad con las fuentes de nuestra espiritualidad; y amor a la Madre de Dios”.

(CVX, Principios Generales 12 a.).

“Debemos estar disponibles en principio para todo, para cualquier cosa que no entre en conflicto con nuestro estado de vida y nuestras obligaciones primordiales en cuanto laicos (familia, etc)”.
(CVX, “Criterios Ignacianos para la Misión”).

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