Mes: abril 2011

¡Feliz Pascua!

Puede la luz surgir de la más completa oscuridad?  Muchas mujeres claman, desde su desolación, por “los desaparecidos” – sus esposos y sus hijos – quienes han sido violentamente arrancados de sus lados para siempre. “La muerte y los infiernos del abandono y la negligencia caen sobre hombres y mujeres, los agotan, los desollan y los convierten en nada” (Rowan Williams, Open to Jugement, pag. 70). Pero en este Domingo de Resurrección, las mujeres que habían esperado en esa oscuridad espantosa, han visto una luz amaneciendo. “Cuando todavía estaba oscuro” (Juan 20:1), en efecto, cuando María Magdalena llegó al sepulcro, donde habían dejao el cuerpo de Jesús. En seguida, el discípulo amado, que había estado con las mujeres al lado de la Cruz, recibió la primera luz de su Fe al contemplar la tumba vacía: “”El vió y creyó”(v.8), aunque no había visto a nadie. Y luego María, en esa maravillosa escena en el jardín, es llamada por su nombre: “María!” (v.15) – y ahí está Jesús, frente a ella, vivo, resucitado, Aquél por quien su corazón anhelaba.

Y todo ha cambiado. Para nosotros, también se nos ofrece esta Fe transformadora de la Pascua de Resurrección. “Señor, Tú estas presente y vivo. Tú eres El Que Vive, aquí, frente a mí, en mi corazón, en la oscuridad y en la luz de mi vida. Jesús, ruego por el amanecer de la esperanza de la Resurrección, en mi vida y en los corazones y anhelos de tantas y tantos que claman hacia Tí”. Esta oración, esta Fe que amanece, puede cambiarlo todo. http://sacredspace.ie/es/

Me doy un tiempo para leer la Palabra de Dios, despacio, varias veces, dejándome estar en cualquier frase que me llame…

Juan 20:1-9

El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró. Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos tumbados. El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. Pues no habían entendido todavía la Escritura: Él había de resucitar de entre los muertos!

¿Qué me estás diciendo, Señor?

EL DRAMA DE CRISTO

Por Javier Leoz

Habla el silencio y cesan las melodías. Y no porque estemos de luto sino porque necesitamos un espacio para la reflexión y la contemplación del drama de Cristo: ha muerto por nosotros en una cruz.

1.- Como Judas, miramos desde lejos al Señor. ¡Te he vendido, mi Señor! Sin darme cuenta o siendo consciente de ello te empujé a subir a la cruz con mi cobardía o mi afán de oportunidades.

Sí, mi Señor. Somos como ese apóstol que, teniendo a Dios delante de sus ojos, pudo más su apego al ruido del dinero, su servicio al poder que su fidelidad al que tanto había compartido contigo. Déjanos, Señor, ver tu cruz por lo menos desde lejos. También nosotros, en estas horas de generosidad y de entrega, sentimos que te olvidamos frecuentemente. Que el precio por el que te cambiamos es a veces mucho menor que aquel por el cual te traicionó el apóstol ingrato.

2.- Como Pedro, necesitamos querer tu cruz. Porque, como Pedro, también constantemente te negamos. Porque no queremos ver la cruz en el horizonte de nuestra vida. Porque, incluso como Pedro en el Tabor, quisiéramos una vida sin lucha, sin sufrimiento. Un Dios que se desentendiera de los padecimientos de la humanidad.

Hoy, Señor, al contemplar tu cruz en este Viernes Santo… vemos que no hay tres negaciones escritas en sus dos maderos. Que, en ellos, se encuentran cinceladas y a millones las contradicciones de nuestra vida cristiana, nuestra tibieza a la hora de dar nuestra cara por ti, nuestro arrojo con las cosas del mundo y nuestra timidez para con las cosas de tu Reino. ¿Nos dejas contemplar como Pedro, desde lejos Señor, tu Santa Cruz?

3.- Como Juan, permítenos estar debajo de tu cruz. Porque, también como Juan, necesitamos recostar nuestra cabeza ya no en tu pecho sino sentir la sangre que baja con fuerza por su madero. Como Juan, oh Jesús, también pretendemos el cielo (un puesto a tu derecha o a tu izquierda) sin mayor esfuerzo que una petición como contraprestación a nuestra amistad contigo.

Sí, Señor. Déjanos como Juan, tu preferido, recibir al pie de la cruz –además del regalo que nos aguarda en la mañana de Pascua- a esa Madre que nos invita a estar firmes y en guardia hasta el día en que tú, de nuevo regreses para llevarnos contigo, para darnos nueva vida, para resucitarnos a una vida gloriosa y resucitada.

4.- Como a María, admítenos por lo menos unos minutos para ser testigos de tanta pasión y de tanto desgarro. Porque, como María, también quisiéramos ser centinelas de tu amor que, en la cruz, lejos de morir se convertirá en semilla de eternidad para todos nosotros. Déjanos, oh Cristo, al pie de la cruz formar parte de la incipiente Iglesia, ser hijos de María y recibirla como Madre que permanece fiel, silenciosa fuerte y solidaria para acompañarnos en las noches oscuras del alma.


ORACIÓN ANTE LA CRUZ

Ante ti, oh cruz, aprendo lo que el mundo me esconde:

que la vida, sin sacrificio, no tiene valor

y que la sabiduría, sin tu ciencia, es incompleta

Eres, oh cruz, un libro en el que siempre

se encuentra una sólida respuesta.

Eres fortaleza que invita a seguir adelante

a sacar pecho ante situaciones inciertas

y a ofrecer, el hombro y el rostro,

por una humanidad mendiga y necesitada de amor.

Ahí te vemos, oh Cristo, abierto en tu costado

y derramando, hasta el último instante,

sangre de tu sangre hasta la última gota

para que nunca a este mundo que vivimos

nos falte una transfusión de tu gracia

un hálito de tu ternura de tu presencia

una palabra que nos incite

a levantar nuestra cabeza hacia lo alto.

En ti, oh cruz, contemplamos la humildad en extremo

la obediencia y el silencio confiado

la fortaleza y la paciencia del Siervo doliente

la comprensión de Aquel que es incomprendido

el perdón de Aquel que es ajusticiado.

En ti, oh cruz, el misterio es iluminado

aunque, en ti, Jesús siga siendo un misterio.

Amén

¡PERDÓNANOS, SEÑOR!

Por José María Maruri, S.J.

1.-“Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” ¿es sólo el piadoso recitar de un salmo?, o ¿el mismo abandono real que en el Huerto hizo al Señor sentir angustia, tedio, pavor y miedo hasta por los poros romper la sangre al suelo? Era la hora del príncipe de este mundo, cuando Satanás entró en Judas y cuando Judas salió era de noche.

Pablo lo expresa brutalmente “al que no conoció pecado Dios lo hizo pecado en lugar nuestro” “Cristo nos rescató de la maldición haciéndose por nosotros maldición”.

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JUEVES SANTO AMAR ES SERVIR AL NECESITADO

Por José María Martín OSA



1 – Jueves Santo es el día del amor fraterno. Jesús amó a los suyos “hasta el extremo”, nos dice el evangelista Juan. Este amor lo demuestra lavando los pies a los apóstoles. Es el único evangelista que no relata la institución de la Eucaristía. No hacía falta…..El gesto del lavatorio lo dice todo. Demuestra que ha venido a servir y no a ser servido, está dispuesto a dar la vida por todos. La Eucaristía es memorial (actualización) de la muerte y Resurrección de Cristo, sacrificio de la Nueva Alianza y sacramento de amor y de unidad. Cada vez que la celebramos proclamamos la muerte y la Resurrección de Jesucristo como dice la Primera Carta de San Pablo a los Corintios. La Alianza del Pueblo de Israel es el anticipo de la Nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo. Pero creo que hoy debemos resaltar que la Eucaristía nos une en el amor y nos da fuerza para transformar este mundo desde el amor.

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