Mes: octubre 2013

FE + CARIDAD = MISIÓN

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Estimados amigos: Una vez más, nos convoca la misión. Como lo venimos realizando todos los años, en este fin de semana, la Iglesia nos propone vivir este domingo por las misiones con un corazón abierto a las necesidades de los hermanos.

Recuerdan desde Roma que este es el día universal de las misiones, donde se hace una colecta especial con esta finalidad. Pero además es muy importante como parte de nuestra espiritualidad… Los invitamos este sábado 19 de octubre a compartir esta reflexión en la  Eucaristía de CVX, en calle Eusebio Lillo 441 a las 19.00 hrs. Valparaíso.

  • Sabemos de la importancia de la ayuda material, destinada a zonas bastante olvidadas ante su necesidad. Es muy amplio el campo a evangelizar y los problemas a resolver.
  • Conocemos la generosidad de nuestra gente, de los corazones abiertos y de los cevequianos comprometidos con esta causa, pero también no queremos dejar de lado, desde las Obras Misioneras Pontificias, que se aproveche este espacio de información e incentivo misionero.
  • Los invitamos a  conocer y de hacer conocer testimonios misioneros que muevan nuestra vida, posibilidades de formación para aquellos llamados a la nueva evangelización, y el conocimiento de cómo vamos caminando juntos hacia la meta sugerida por Dios: que todos los pueblos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
  • Animamos y damos gracias a todos a vivir el espíritu misionero en las comunidades, escuelas y ambientes de trabajo. Es nuestro deseo.

¡Feliz domingo universal de las misiones!

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Papa Francisco: María, una de las maravillas del Señor

Algo para pensar y orar días antes de los compromisos…

Hoy te invitamos a escuchar en tu corazón lo que Dios te quiere decir,  y a prepararte a vivir la vigilia de armas como Ignacio de Loyola, junto a nuestros amigos del “Pan de la Palabra”, el 25  de octubre, un momento emocionante; antes de  la toma de Compromisos CVX en la ceremonia a realizarse en la eucaristía del día sábado 26 de Octubre (a las 19.00 HRS) en el marco de la Semana Aniversario de la Canonización de Alberto Hurtado SJ, patrón de la CVX en Chile. Este proceso personal y comunitario tangible y visible del llamado que Cristo nos hace en nuestra comunidad como cuerpo apostólico. La invitación ya fue enviada a cada uno de Guías, acompañantes y coordinadores.

 

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En el Salmo hemos recitado: “Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas” (Sal 97,1).

Hoy nos encontramos ante una de esas maravillas del Señor: ¡María! Una criatura humilde y débil como nosotros, elegida para ser Madre de Dios, Madre de su Creador.

Precisamente mirando a María a la luz de las lecturas que hemos escuchado, me gustaría reflexionar con ustedes sobre tres puntos: Primero, Dios nos sorprende; segundo, Dios nos pide fidelidad; tercero, Dios es nuestra fuerza.

1. El primero: Dios nos sorprende. La historia de Naamán, jefe del ejército del rey de Aram, es llamativa: para curarse de la lepra se presenta ante el profeta de Dios, Eliseo, que no practica ritos mágicos, ni le pide cosas extraordinarias, sino únicamente fiarse de Dios y lavarse en el agua del río; y no en uno de los grandes ríos de Damasco, sino en el pequeño Jordán. Es un requerimiento que deja a Naamán perplejo y también sorprendido: ¿qué Dios es este que pide una cosa tan simple? Decide marcharse, pero después da el paso, se baña en el Jordán e inmediatamente queda curado (cf. 2 R 5,1-14). Dios nos sorprende; precisamente en la pobreza, en la debilidad, en la humildad es donde se manifiesta y nos da su amor que nos salva, nos cura, nos da fuerza. Sólo pide que sigamos su palabra y nos fiemos de él.

Ésta es también la experiencia de la Virgen María: ante el anuncio del Ángel, no oculta su asombro. Es el asombro de ver que Dios, para hacerse hombre, la ha elegido precisamente a Ella, una sencilla muchacha de Nazaret, que no vive en los palacios del poder y de la riqueza, que no ha hecho cosas extraordinarias, pero que está abierta a Dios, se fía de él, aunque no lo comprenda del todo: “He aquí la esclava el Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Es su respuesta. Dios nos sorprende siempre, rompe nuestros esquemas, pone en crisis nuestros proyectos, y nos dice: Fíate de mí, no tengas miedo, déjate sorprender, sal de ti mismo y sígueme.

Preguntémonos hoy todos nosotros si tenemos miedo de lo que el Señor pudiera pedirnos o de lo que nos está pidiendo. ¿Me dejo sorprender por Dios, como hizo María, o me cierro en mis seguridades, seguridades materiales, seguridades intelectuales, seguridades ideológicas, seguridades de mis proyectos? ¿Dejo entrar a Dios verdaderamente en mi vida? ¿Cómo le respondo?

2. En la lectura de San Pablo que hemos escuchado, el Apóstol se dirige a su discípulo Timoteo diciéndole: Acuérdate de Jesucristo; si perseveramos con él, reinaremos con él (cf. 2 Tm 2,8-13). Éste es el segundo punto: acordarse siempre de Cristo, la memoria de Jesucristo, y esto es perseverar en la fe: Dios nos sorprende con su amor, pero nos pide que le sigamos fielmente. Nosotros podemos convertirnos en «no fieles», pero él no puede, él es «el fiel», y nos pide a nosotros la misma fidelidad. Pensemos cuántas veces nos hemos entusiasmado con una cosa, con un proyecto, con una tarea, pero después, ante las primeras dificultades, hemos tirado la toalla. Y esto, desgraciadamente, sucede también con nuestras opciones fundamentales, como el matrimonio. La dificultad de ser constantes, de ser fieles a las decisiones tomadas, a los compromisos asumidos. A menudo es fácil decir “sí”, pero después no se consigue repetir este “sí” cada día. No se consigue ser fieles.

María ha dicho su “sí” a Dios, un “sí” que ha cambiado su humilde existencia de Nazaret, pero no ha sido el único, más bien ha sido el primero de otros muchos “sí” pronunciados en su corazón tanto en sus momentos gozosos como en los dolorosos; todos estos “sí” culminaron en el pronunciado bajo la Cruz. Hoy, aquí hay muchas madres; piensen hasta qué punto ha llegado la fidelidad de María a Dios: hasta ver a su Hijo único en la Cruz. La mujer fiel, de pie, destrozada por dentro, pero fiel y fuerte.

Y yo me pregunto: ¿Soy un cristiano a ratos o soy siempre cristiano? La cultura de lo provisional, de lo relativo entra también en la vida de fe. Dios nos pide que le seamos fieles cada día, en las cosas ordinarias, y añade que, a pesar de que a veces no somos fieles, él siempre es fiel y con su misericordia no se cansa de tendernos la mano para levantarnos, para animarnos a retomar el camino, a volver a él y confesarle nuestra debilidad para que él nos dé su fuerza. Y este es el camino definitivo: siempre con el Señor, también en nuestras debilidades, también en nuestros pecados. no ir jamás por el camino de lo provisional. Esto nos mata. La fe es fidelidad definitiva, como la de María.

3. El último punto: Dios es nuestra fuerza. Pienso en los diez leprosos del Evangelio curados por Jesús: salen a su encuentro, se detienen a lo lejos y le dicen a gritos: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros” (Lc 17,13). Están enfermos, necesitados de amor y de fuerza, y buscan a alguien que los cure. Y Jesús responde liberándolos a todos de su enfermedad. Llama la atención, sin embargo, que solamente uno regrese alabando a Dios a grandes gritos y dando gracias. Jesús mismo lo indica: diez han dado gritos para alcanzar la curación y uno solo ha vuelto a dar gracias a Dios a gritos y reconocer que en él está nuestra fuerza. Saber agradecer, saber alabar al Señor por lo que hace por nosotros.

Miremos a María: después de la Anunciación, lo primero que hace es un gesto de caridad hacia su anciana pariente Isabel; y las primeras palabras que pronuncia son: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, es decir, un cántico de alabanza y de acción de gracias a Dios no sólo por lo que ha hecho en Ella, sino por lo que ha hecho en toda la historia de salvación. Todo es don suyo; Si podemos entender que todo es don de Dios, ¡cuánta felicidad habrá en nuestro corazón! él es nuestra fuerza. Decir gracias es tan fácil, y sin embargo tan difícil. ¿Cuántas veces nos decimos gracias en la familia? Es una de las palabras clave de la convivencia. «Por favor», «perdona», «gracias»: si en una familia se dicen estas tres palabras, la familia va adelante. «Por favor», «perdona», «gracias». ¿Cuántas veces decimos «gracias» en la familia? ¿Cuántas veces damos las gracias a quien nos ayuda, se acerca a nosotros, nos acompaña en la vida? Muchas veces damos todo por descontado. Y así hacemos también con Dios. Es fácil ir al Señor a pedirle algo, pero ir a darle gracias… ¡Ah!, no se me ocurre.

Continuemos la Eucaristía invocando la intercesión de María para que nos ayude a dejarnos sorprender por Dios sin oponer resistencia, a ser hijos fieles cada día, a alabarlo y darle gracias porque él es nuestra fuerza. Amén.

[Bibliografía]
Papa Francisco, homilía durante la Misa de la Jornada Mariana (13 Oct 2013)

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Francisco: la Iglesia es católica porque…

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Creo en la Iglesia, una, santa, católica…». Hoy nos detenemos a reflexionar sobre esta nota de la Iglesia: decimos católica, es el Año de la catolicidad. Ante todo: ¿qué significa católico? Deriva del griego «kath’olòn» que quiere decir «según el todo», la totalidad. ¿En qué sentido esta totalidad se aplica a la Iglesia? ¿En qué sentido nosotros decimos que la Iglesia es católica? Diría en tres significados fundamentales.

1. El primero. La Iglesia es católica porque es el espacio, la casa en la que se nos anuncia toda entera la fe, en la que la salvación que nos ha traído Cristo se ofrece a todos. La Iglesia nos hace encontrar la misericordia de Dios que nos transforma porque en ella está presente Jesucristo, que le da la verdadera confesión de fe, la plenitud de la vida sacramental, la autenticidad del ministerio ordenado. En la Iglesia cada uno de nosotros encuentra cuanto es necesario para creer, para vivir como cristianos, para llegar a ser santos, para caminar en cada lugar y en cada época.

Por poner un ejemplo, podemos decir que es como en la vida de familia; en familia a cada uno de nosotros se nos da todo lo que nos permite crecer, madurar, vivir. No se puede crecer solos, no se puede caminar solos, aislándose, sino que se camina y se crece en una comunidad, en una familia. ¡Y así es en la Iglesia! En la Iglesia podemos escuchar la Palabra de Dios, seguros de que es el mensaje que el Señor nos ha dado; en la Iglesia podemos encontrar al Señor en los Sacramentos, que son las ventanas abiertas a través de las cuales se nos da la luz de Dios, los arroyos de los que tomamos la vida misma de Dios; en la Iglesia aprendemos a vivir la comunión, el amor que viene de Dios. Cada uno de nosotros puede preguntarse hoy: ¿cómo vivo yo en la Iglesia? Cuando voy a la iglesia, ¿es como si fuera al estadio, a un partido de fútbol? ¿Es como si fuera al cine? No, es otra cosa. ¿Cómo voy yo a la iglesia? ¿Cómo acojo los dones que la Iglesia me ofrece, para crecer, para madurar como cristiano? ¿Participo en la vida de comunidad o voy a la iglesia y me cierro en mis problemas aislándome del otro? En este primer sentido la Iglesia es católica, porque es la casa de todos. Todos son hijos de la Iglesia y todos están en aquella casa.

2. Un segundo significado: la Iglesia es católica porque es universal, está difundida en todas las partes del mundo y anuncia el Evangelio a cada hombre y a cada mujer. La Iglesia no es un grupo de élite, no se refiere sólo a algunos. La Iglesia no tiene cierres, es enviada a la totalidad de las personas, a la totalidad del género humano. Y la única Iglesia está presente también en las más pequeñas partes de ella. Cada uno puede decir: en mi parroquia está presente la Iglesia católica, porque también ella es parte de la Iglesia universal, también ella tiene la plenitud de los dones de Cristo, la fe, los Sacramentos, el ministerio; está en comunión con el obispo, con el Papa y está abierta a todos, sin distinciones. La Iglesia no está sólo a la sombra de nuestro campanario, sino que abraza una vastedad de gentes, de pueblos que profesan la misma fe, se alimentan de la misma Eucaristía, son servidos por los mismos pastores. ¡Sentirnos en comunión con todas las Iglesias, con todas las comunidades católicas pequeñas o grandes en el mundo! ¡Es bello esto! Y después sentir que todos estamos en misión, pequeñas o grandes comunidades, todos debemos abrir nuestras puertas y salir por el Evangelio. Preguntémonos entonces: ¿qué hago yo para comunicar a los demás la alegría de encontrar al Señor, la alegría de pertenecer a la Iglesia? ¡Anunciar y testimoniar la fe no es un asunto de pocos, se refiere también a mí, a ti, a cada uno de nosotros!

3. Un tercer y último pensamiento: la Iglesia es católica porque es la «Casa de la armonía» donde unidad y diversidad saben conjugarse juntas para ser riqueza. Pensemos en la imagen de la sinfonía, que quiere decir acorde, y armonía, diversos instrumentos suenan juntos; cada uno mantiene su timbre inconfundible y sus características de sonido armonizan sobre algo en común. Además está quien guía, el director, y en la sinfonía que se interpreta todos tocan juntos en «armonía», pero no se suprime el timbre de cada instrumento; la peculiaridad de cada uno, más todavía, se valoriza al máximo.

Es una bella imagen que nos dice que la Iglesia es como una gran orquesta en la que existe variedad. No somos todos iguales ni debemos ser todos iguales. Todos somos distintos, diferentes, cada uno con las propias cualidades. Y esto es lo bello de la Iglesia: cada uno trae lo suyo, lo que Dios le ha dado, para enriquecer a los demás. Y entre los componentes existe esta diversidad, pero es una diversidad que no entra en conflicto, no se contrapone; es una variedad que se deja fundir en armonía por el Espíritu Santo; es Él el verdadero «Maestro», Él mismo es armonía. Y aquí preguntémonos: ¿en nuestras comunidades vivimos la armonía o peleamos entre nosotros? En mi comunidad parroquial, en mi movimiento, donde yo formo parte de la Iglesia, ¿hay habladurías? Si hay habladurías no existe armonía, sino lucha. Y ésta no es la Iglesia. La Iglesia es la armonía de todos: jamás parlotear uno contra otro, ¡jamás pelear! ¿Aceptamos al otro, aceptamos que exista una justa variedad, que éste sea diferente, que éste piense de un modo u otro —en la misma fe se puede pensar de modo diverso— o tendemos a uniformar todo? Pero la uniformidad mata la vida. La vida de la Iglesia es variedad, y cuando queremos poner esta uniformidad sobre todos matamos los dones del Espíritu Santo. Oremos al Espíritu Santo, que es precisamente el autor de esta unidad en la variedad, de esta armonía, para que nos haga cada vez más «católicos», o sea, en esta Iglesia que es católica y universal. Gracias.
Papa Francisco, Audiencia General del miércoles 9 de octubre de 2013

Reflexión: ¿Y si salimos de la tierra conocida?

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¿No tienes ganas, a veces, de romper un poco las fronteras cotidianas, las convenciones sólidamente arraigadas, las seguridades que forman parte del día a día? ¿No tienes ganas de cambiar los horarios, darle la vuelta a las expectativas, decir versos inesperados? ¿No tienes ganas de zambullirte en una fe que te zarandee hasta la entraña, que le dé la vuelta a tu horizonte, que te inquiete, te llame, te fascine y te seduzca? ¿No tienes ganas, a veces, de volar para ver mejor?

«El Señor dijo a Abrán: Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.» (Gen 12, 1)

La gente da por sentadas muchas cosas, muchas seguridades, muchos prejuicios: los jóvenes son superficiales; los cristianos son de derechas; los justos son de izquierdas; los viejos se quejan; los pobres son buenos; los creyentes son ingenuos o necios; los políticos son malos y corruptos; los curas tienen panza, y viven como Dios; las monjas son monjitas; los científicos son ateos; los guapos son tontos… suma y sigue. ¿No hace falta, alguna vez, zarandear tantas estupideces, tantas afirmaciones que no tienen otro fundamento que el vacío, y mirar, con audacia y valentía, el mundo de otra manera…?

¿Por qué no intentar mirar a tu mundo y a tu gente, por un día, sin dar demasiadas cosas por sentado?

«Después derramaré mi espíritu sobre todos: vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones.» (Joel 3, 1)

Eso sí merece la pena. Soñar en otro mundo posible. Soñar en otra vida, en otra justicia, en otra humanidad mucho más capaz de resolver sus cuitas. Y más que soñar creer. Creer que hay caminos para acercarse a ese mundo mejor. Caminos necesarios, fascinantes. Caminos alternativos. Lógicas que prescinden de lo que el mundo vende como imprescindible, necesario e inevitable. Formas que arrancan del amor y la búsqueda de una verdad diferente. No puede ser de otra manera.

¿En qué sueñas tú?

Fuente: Pastoral S.J.

HISTORIA DE LA IGLESIA MEDIEVAL

Queremos compartir la invitación que nos ha llegado para participar del Taller “Historia de la Iglesia Medieval”, no esperes más para reservar tu espacio, comienzan hoy 2 de octubre.

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 DICTADO POR EL PADRE SERGIO ELIZALDE, sj. EN LA PARROQUIA DE VIÑA DEL MAR.

 COMENZANDO HOY MIÉRCOLES 2 DE OCTUBRE DE 19.30 A 20.45 HRS.

 EL CURSO TENDRÁ 6 SESIONES: 2-9-16-23-30 DE OCTUBRE.

 INFORMACIONES: TELÉFONOS 2112994 / 2680540 / 90789966